Un cuento eterno.
La habitación del hotel estaba decorada con pétalos de rosa, velas encendidas y una suave música de fondo.
Y la luz tenue de las velas danzaba suavemente en la habitación, iluminando los rostros de los recién casados con un brillo cálido y acogedor.
Ella lo miraba con ojos llenos de amor y deseo, su corazón latiendo fuertemente en su pecho mientras él se acercaba lentamente, con una sonrisa encantadora en sus labios.
Anaís estaba sintiendo mariposas en el estómago y Gerald también la miraba c