39Amalia y Aurora fueron a la habitación de Enza, estaba mirando a través de la ventana a Rainier que lanzaba granos a los cisnes en el lago.
Amalia entró y la abrazó.
—Abuela, necesito hablar contigo. ¿Puedo?
Enza se giró y se abrazó a ella.
—Hija, ya hace meses lo sucedido con mi pequeña Alma, y aún no lo supero. Y al parecer Rainier tampoco, pensé que aquí él disfrutaría de los caballos pero no socializa con nadie desde que se enteró de la muerte de Alma se aisló.
—Abuela, quiero decirte alg