Era un día muy especial, el cumpleaños de Danna, y yo apenas había cerrado los ojos esa noche. La emoción y la anticipación me habían mantenido en vela, dando vueltas en la cama mientras pensaba en cómo haría de este día algo inolvidable. Había planeado la sorpresa con tanto esmero que no podía dejar nada al azar. La tarde anterior había hablado con mi padrastro, quien fue increíblemente comprensivo y se ofreció a ayudarme. Trajo todo lo que le pedí: globos, decoraciones, una cámara para captur