Capítulo 22.
Me había quedado dormida con una pequeña sonrisa en mi rostro. El Alfa era un lobo... dulce.
Me desperté con la sensación de que algo estaba mal. Abrí los ojos y aun estaba oscuro afuera. Entrecerré los ojos solo para ver que estaba sola, pero aún así me sentía intranquila.
Me levanté despacio de la cama y me puse zapatos mientras escuchaba atentamente mi entorno.
Justo cuando llegué a la puerta escuché un aullido seguido de algunos otros. No entendía lo que decían, pero el tono parecía molesto.