Llena de entusiasmo, Cintia propuso posponer la compra de provisiones para las fiestas y pidió a Álvaro que condujera hacia el centro comercial donde se concentraban las boutiques de lujo.
—Genial, no se te olvide que tú mismo lo dijiste, «todo lo que me guste, lo compro» —declaró Cintia, frotándose las manos incluso antes de bajarse del coche.
Álvaro, de buen humor, replicó:
—¿Acaso crees que vas a dejarme en bancarrota?
Cintia se quedó un segundo con la boca abierta. Con la fortuna de su herma