Sean
El cálido contacto me hizo abrir los ojos, y al ver la sonrisa en su rostro, yo también sonreí. Desde la primera vez que lo vi, me agradó, aunque no fuera mi hijo biológico.
—Buenos días— lo saludé con calidez.
Su sonrisa se hizo más amplia, dándome espacio para levantarme de la silla donde me había quedado dormido. Otra vez, por estar ocupado leyendo guiones para otra película, me había dormido en mi espacio de trabajo.
Julian debió haber venido a buscarme aquí. A veces me encontraba en s