—Yo… Abuelo, no culpes a los niños. He fallado como madre dado el resentimiento de Tomas y Mia—. Con los ojos enrojecidos, Maia hizo todo lo posible por parecer lamentable.
Desde que adivinó la identidad de Olivia, temía constantemente que Kenneth descubriera la verdad sobre Tomas y Mia. Sin embargo, cuando no obtuvo una respuesta después de probar a Kenneth, continuó con su farsa porque aún no era necesario que revelara su propio secreto.
—Por qué…—
Dejando escapar un suspiro, Kenneth se sintió preocupado por eso.
Durante todo este tiempo, había asumido que la situación se debía a que los niños no eran sensatos. Pero ahora, se hizo evidente para él que Maia era terrible criándolos.
Aparte de halagos, regaños o exhibir su autoridad como madre, Maia no parecía conocer ningún otro método.
Ni siquiera podía soportarla, y mucho menos a los niños.
Justo cuando estaba pasando un buen rato con los niños, lo cual era una rara oportunidad, Maia tuvo que pasar para estropearlo.
—No es bueno est