VALENTINA ROSS
Era miércoles por la noche. El ambiente en nuestro departamento era tibio y estaba envuelto solo por el sonido de la televisión transmitiendo un noticiero cualquiera al que ninguno de los dos le estaba prestando atención realmente.
Josh estaba sentado en el sofá, masajeándose las sienes. Había llegado del hospital más temprano, pero la expresión en su rostro era de mucha frustración. Yo estaba en la cocina, terminando de preparar dos platos de macarrones con queso, intentando con