VALENTINA ROSS
Corrí como si mi vida dependiera de ello, haciéndole señas desesperadamente al primer taxi que cruzó la avenida. En cuanto me lancé al asiento trasero y cerré la puerta de golpe, le di mi dirección al chofer con la voz entrecortada.
Son las siete y cuarenta de la mañana.
El turno de Josh había terminado a las siete. Necesito llegar a casa y cambiarme de ropa lo más rápido posible.
Saqué el celular de mi bolso para saber dónde estaba Josh. Marqué su número y respiré profundo, forz