—¿Me amas? —preguntó Loredana cuando pudo hablar. Su voz era apenas un susurro.
Las palabras de Paolo se repetían una y otra vez en su cabeza. No estaba segura de sí había escuchado bien o había sido producto de su imaginación, pero estaba por averiguarlo.
—¿Por qué suenas tan sorprendida? —Paolo hizo a un lado sus cabellos y acarició su rostro—. ¿De qué crees que se trataba todo esto? Jamás he llevado a una mujer a casa de mi madre y tampoco la traje aquí.
Él se inclinó y rozó sus labios. Casi