—¿Dónde estamos? —preguntó Loredana mirando la casa.
Paolo se bajó antes de darle una respuesta, rodeó el auto y le abrió la puerta. Él le extendió una mano que ella ignoró deliberadamente. Eso solo le hizo sonreír divertido.
No importa lo que hiciera, Paolo no parecía dispuesto a dejarla en paz. La verdad es que ella no estaba segura de si todavía era eso lo que quería.
Durante todo el viaje había tenido que repetirse que no se hiciera ilusiones otra vez, apenas estaba superando lo que había p