—Richard, ¿estás seguro de lo que acabas de decir? —pregunta Alice, sin poder contener la emoción—. No deberías precipitarte.
—No estoy haciendo nada por impulso. De verdad quiero que vengas.
—¿Y si no funciona? —pregunta.
—¿Y si sí funciona? —En los ojos de Richard hay un brillo de esperanza, al sentirse aliviado de poder expresar lo que había querido decir desde el primer día en que la vio—. No tengas pensamientos negativos sobre nosotros. Te juro que mis intenciones son las mejores, Alice.
—