Alice se inquieta con lo que acaba de escuchar y empieza a moverse sobre la cama como si el colchón estuviera cubierto de espinas.
—No deberías decirme esas cosas —dice, aunque siente que la voz le sale algo temblorosa.
—Sé que debes de sentirte confundida por lo que te digo. —Se acerca y deja a Lily, que acaba de quedarse dormida, sobre la cama—. Pero sé que mi hermano te ama de verdad. Desde que regresó de Inglaterra, no hay otra persona que ocupe su corazón que no seas tú.
—Aunque eso fuera