Roger
Cojeo hasta mi maldita casa sintiendo la sangre correr por mi pierna, no puedo creer que ese perrucho feo me haya mordido. Como pudo ser eso posible. Mi hija se mueve ligeramente en mis brazos, debo admitir que verla tan plácidamente dormida bajo esa mullida manta me hizo calmar un poco mi rabia, pero tengo otras cosas por las que estar rabioso ahora mismo.
La primera de ellas está en mis malditos pantalones, como puede ser esto posible, no ha mostrado ningún tipo de interés en una mujer