Jeremías
Abro la puerta de la casa cuando escucho al auto detenerse más allá de esta, la mujer que baja de dicho coche evita mirarme a los ojos, pero mi corazón desbocado me impide no mirarla. Han sido tres días terribles, tres días de angustia, frustración y sobre todo de necesitarla.
—Gracias por venir Lizbeth, yo…
—No hablemos — me pide — voy a ocuparme de los niños y hablaré con ellos, así que solo pretende que no estoy aquí.
Paso una mano por mi cabeza, su aroma me golpea dolorosamente en