Jeremías
Paso una mano por mi cabeza, intento contenerme solo porque el hombre sentado frente a mí sigue siendo de mi familia, pero después de la llamada que residí, después de que ese extraño sembrara ideas en mi cabeza, lo último que quería era verlo.
—Te dije que te quedaras en casa, Antoni… — me mantengo al margen — vete a ver a tus hijos, cuida de ellos hasta que…
—¿Hasta qué, ¿Qué? — gruñe — hasta que termines con esta estupidez, en lugar de ocuparte de mantener a tu familia a flote — me