Lucía
¡Todo esto es mi culpa!
No debería haber ido, incluso si esa pobre niña me pidió que la ayudara porque su padre estaba durmiendo. Como puede dormir hasta esta hora del día y en que trabaja como para dormir en el día.
Cruzo la valla del jardín jadeando, mi pecho late descontrolado mientras algo más que mi sangre se siente caliente, me maldigo una y otra vez antes de sentarme junto al puentecillo del jardín frontal. Mi mirada se clava en el pequeño estanque, estoy tan roja que parezco un be