Pov Samantha.
Termino de sacar el cuadro de la caja y lo coloco enfrente de mí cama; no lo iba a dejar, era obvio, sigue siendo mi mayor sueño y mi mayor regalo. Lo miro a los ojos azules trazados por el pincel y el estómago se me contrae; esto me duele más a mi que a él, porque estoy tomando una decisión difícil en mi vida, un cambio, algo radical que termine con mi pasado de una vez por todas. Las obsesiones no son buenas, terminan dañando hasta la última hebra de la cordura.
—Es demasiado se