Pov Samantha.
Abro los ojos sintiendo como el sol entra por la ventana de la clínica. El sonido de los aparatos a mi alrededor es lo primero que llama mi atención al despertarme. Además, del olor a perfume caro que llena el lugar. Conozco ese perfume, y ese perfume no puede ser de más nadie que de, Fernando Laureti. Está recostado en mi vientre abrazándome la cintura, dormido. Una enfermera que está regulando algo en mi suero, me hace señas con la mano mostrándome al hombre que parece muy cómod