Enrique detalló en la expresión de su amada y por un momento temió que su respuesta fuese una negativa. En sus ojos, podía verse la indecisión, podía verse el miedo, el temor. La angustia que le causaba la idea de un nuevo matrimonio.
—Prometo que voy a cuidarte. Prometo que te amaré, y protegeré tu corazón. Nunca voy a engañarte, Ashley, te doy mi palabra—sintió la necesidad de hacerle esas promesas, para disipar la neblina del temor que se había instalado en su corazón.
La mujer lo miró y so