—Marco y Gerónimo, eran muy divertidos, mami—parloteaba Arnold, ajeno a la tensión existente entre sus padres.
Aquel viaje de regreso se convirtió en un torbellino de emociones para Ashley y Angelo. La tensión en el auto era palpable, una densa niebla que los envolvía y les impedía ver con claridad. Sin embargo, el pequeño niño no lo notaba y sin duda, sus padres, lo preferían así.
Ashley aún se sentía aturdida, con las mejillas sonrojadas por el calor del beso.
«¡Vaya beso!», pensó.
Su mente