Mi hija lloró en voz alta, sin poder ocultar sus sentimientos como lo hubiera hecho cualquier otro día. Ver a Katie así me destrozó aún más. Se me encogió el corazón al olvidarme de cómo respirar y, al poco tiempo, Kyle también rompió a llorar.
—Callen, bebés. Callen —dije entre lágrimas. Me agaché para ponerme a su altura y acerqué a Kyle y a una Katie embarrada a mis brazos—. Ya basta de lágrimas, bebés.
—Tú y Katie empezasteis —Kyle habló; su voz temblorosa y apagada.
—Mamá empezó. Entré y l