—Hola, cariño. —El gran Rey alfa Rastus arrulló con tanto amor y suavidad tan pronto como entró en la habitación. ¿Quién hubiera pensado que un hombre como él tendría debilidad por sus hijos? Si tan solo mi papá aprendiera de él. El Rey alfa se acercó a su hija, mi mate, y la abrazó. —Me tenias preocupado, cariño.
—Sabes que no era mi intención, papá —respondió la princesa Katie con una gran sonrisa y se relajó en el abrazo de su padre.
En un minuto, el príncipe Kyle tuvo su turno, y también su