Phoebe resultó ser la sanadora que encontré en la celda de Hazel.
—Lamento que te hayan arrastrado a su lío. —Le pedí disculpas a Phoebe, que todavía estaba arrodillada junto a Hazel, con la mano sobre el pecho.
—Gracias a la diosa que estás aquí. ¡Necesito tu ayuda Luna! —exclamo Phoebe.
La urgencia en la voz de Phoebe me hizo correr hacia la celda de Hazel y arrodillarme a su lado.
—¿Qué necesitas?
—Se apuñaló en el pecho con sus cubiertos. Se perforó los pulmones y he estado tratando de mant