ALFA RASTUS;
—Tengo que darle un entierro digno —dijo Agnes a todos en la sala de estar.
Parecía insegura pero terca.
Y por mucho que consideré romper la triste burbuja que Agnes había construido a su alrededor desde que Hazel cayó muerta ante ella ayer, la dejé vivir el momento.
Sin embargo, Susanna, que había estado con Aurelia desde ayer, tratando de consolarla porque decía que acababa de perder a una amiga, la regañó:
—¿Qué sería apropiado sino echarla de la manada? Yo-
—¡Susana! —Ag