ALFA RASTUS;
Desde donde estaba, podía sentir un millón de pensamientos pasando por la mente de Agnes y ver innumerables emociones brillando en sus ojos azules que se habían vuelto más oscuros de lo habitual.
Por supuesto, no pude entenderlo todo porque no estaba con ellos cuando muchos de estos problemas ocurrieron en la manada oculta.
Pero pude entender el dolor de Agnes.
—¿To...do este tiem...po? —tartamudeó Agnes, con lágrimas en los ojos—. ¿Todo este tiempo ella sabía que yo era de su