-Oh, Luna Agnes. Has vuelto.
Oí esa voz en cuanto abrí la puerta del apartamento.
Mis ojos se encontraron con Maya, la hija de Lisa, parada al lado del sofá en el que aún estaba acostada Susanna, a pesar de que habían pasado horas desde que me fui a entrenar sin ella.
—Mi mamá me pidió que le llevara comida a la señorita Susanna, pero la señorita Susanna aquí se ha negado a comer -explico Maya pudiera leer mi mente.
Diosa, Susana.
¿Hasta cuándo va a pasar hambre?
—¿En serio te estás haciendo es