Los cachorros estaban empezando a acostumbrarse a la singularidad de esta manada.
No se sorprendieron exactamente cuando los ojos de alfa Rastus se cerraron y su cuerpo quedó flácido junto con el de Susana.
Mi corazón se aceleró por la curiosidad, pero había más bien incertidumbre.
Para mi sorpresa, Katie cogió la mano libre de Rastus y la acarició con delicadeza. Era evidente que ya no estaba enfadada con su padre, pero sí lo estaba Kyle, que no se apartaba de mi lado.
—¿Podemos dejar que se q