Respiro agitada y con mucha rabia. Ese infeliz me ha robado la calma; realmente parece un chiste que me haya propuesto eso.
¿Fingir ser su novia?
¿En dónde le cabe eso en la cabeza?
«¡No!».
Se supone que tengo dignidad. Eso me digo y luego me lamento al recordar que tengo que tomar el autobús. No puedo gastar en taxis, porque después de lo que le hice —y se lo tiene bien merecido— me vi obligada a tomar uno que me salió costoso.
La zona a donde me llevó estaba bastante alejada, además de s