Sonrío, asintiendo con comprensión, y después de estrechar su mano, guardo bien mi cheque en el bolso y salgo de allí. Suspiro al llegar al pasillo.
—¿Emma? —me llaman. Me doy la vuelta y veo que es Jenna, alegrándome de que ya esté restablecida.
—Hola —la saludo, y ella me sonríe.
—Por fin puedo volver a mi puesto, y tú te vas.
—Lo siento —digo, arrugando un poco la cara.
—Tranquila, cuando las oportunidades aparecen, es mejor agarrarlas.
—Gracias, Jenna. Eso haré —respondo, aunque el jefe sup