Olivia
La determinación se había asentado en mí como una armadura invisible. No había espacio para el miedo, solo para la precisión de un plan ya trazado en mi mente. La llegada de Enzo era inminente, pero yo no podía esperar a que él llegara para enfrentarme a Daemon. Tenía que actuar ahora. Tenía que hacerlo yo.
Con la frialdad de quien juega una partida de ajedrez con la muerte, pedí a la mucama que me llevara con Daemon. Mi voz, serena y controlada, no traicionaba la tormenta que rugí