Tanto que nos hemos entrenado mentalmente para luchar en contra de Stewart, y él se ha escabullido en el momento menos propicio entre nosotros. No lo quiero cerca, quiero sólo enfocarme en Caleb, pero eso no se puede por éste indeseable.
—¿Quién les comió la lengua? ¿No piensan hablar? — insiste mi terrible suegro.
—Nadie Stewart. Estábamos teniendo una conversación normal entre nosotros — aseguro.
—¿Normal? ¿Tan normal como que no hayas saludado a tu esposo personalmente al entrar al comedor y