38. ¡Mátalo!
Michael observó a Sophie recorriendo con la mirada el cuerpo a medio vestir de su esposa, maldiciendo internamente por lo inoportuna que había sido Hanna, pero el deber lo llamaba y podía dejar lo que estaba haciendo para después.
—Descansa, Sophie. No te preocupes por esto —dijo Michael, tras dejar un beso en la frente de la joven y apartarse de la cama
Sophie, se apoyó en sus antebrazos para incorporarse mientras lo veía arreglarse la ropa.
—Michael, por favor, no le hagas daño a ese hombre