Luis esbozó una leve sonrisa.
La historia siempre la escriben los vencedores.
Don Marlon era un adversario feroz. Después de un mes de duros golpes, ahora ofrecía una recompensa.
Como era de esperarse, don Marlon exigió que Luis se divorciara de Dulcinea. A cambio, le ofrecía un gran proyecto de energía renovable en el norte, suficiente para revivir al casi moribundo Grupo Fernández.
Luis escuchó atentamente.
Al final, habló en voz baja:
—Acepto el divorcio. Pero no quiero sus favores. Cuando sa