Luis tragó saliva.
En ese instante, deseó dejar atrás su pasado con Sylvia y cumplir su deseo de morir, para poder vivir una vida tranquila con Dulcinea.
Pero se fue de todas formas.
Las imágenes de Sylvia siendo forzada por esos hombres despreciables seguían atormentándolo, sin dejarlo en paz.
Dulcinea lo vio irse.
Después de un momento, volvió al consultorio y se sentó frente al médico alemán.
Lo miró con una expresión vacía y, con voz temblorosa, dijo:
—Doctor, ¿puede repetir lo que me dijo a