Sylvia entendió el mensaje.
Después de fumar medio cigarrillo, Luis dijo con calma:
—No me gustan las mujeres que toman decisiones por su cuenta. Tampoco me gusta que otros intenten controlar mi vida. Anoche, creo que fui muy claro. El puesto de vicepresidenta es tu compensación, y no volveremos a tener ningún tipo de relación física.
Sylvia le preguntó enfadada:
—¿Es por Dulcinea Romero?
Luis no respondió a su pregunta. Se giró para sacudirse las cenizas del cigarro y habló con un tono aún más