Carmen había pasado tres días en el hospital. Al salir, la nochebuena pintaba el cielo con un manto de nieve ligera.
Sentada en el automóvil, Carmen se lamentaba consigo misma:
—¡Qué vieja estoy! Ya no tengo la misma agilidad. Solo causo problemas… Ana, he estado pensando, en unos días, cuando Enrique crezca un poco más, me iré a vivir a un hogar de ancianos. Allí tendré compañía de personas de mi edad.
—Tía, ¿cómo puedo permitirte ir a un hogar de ancianos? —Ana estaba concentrada en la conducc