Mario le respondió con una sonrisa leve: —No se preocupe, abuela. ¡La cuido mucho!
La abuela se alegró al escuchar esto y luego instó a Mario a regresar a cuidar de Ana: —No vengas tanto por aquí. Después de todo, estoy enferma y no deberías llevar bacterias a casa que puedan contagiar al bebé.
Mario sonrió y dijo: —¡Eso es imposible! El bebé aún no ha nacido.
Su tono revelaba una alegría que no podía ocultar.
La abuela se sintió feliz al escucharlo, sintiendo que la casa cobraba nueva vida co