Ana asintió: —Lo sé. Fue Mario quien lo organizó.
Isabel se sorprendió: —¿Esa amante es Cecilia? Ana, ¿cómo pueden estos dos ser tan persistentes? Si no hubiera sido por aquel accidente, ya estarías estudiando en el extranjero con el profesor Zavala, y no tendrías que estar atendiendo a Mario.
Isabel dio una calada a su cigarrillo, tratando de calmarse.
Finalmente, se quejó: —Ese Mario es duro como un diamante; ¡el precio de una noche de sueño es demasiado alto!
Ella pensó que Ana se retractaría