Mario amaba a Ana, se preocupaba por ella.
Esto desencadenó una furia incontenible en Cecilia.
En un arrebato, ella arrancó la aguja de la transfusión, sin importarle la sangre que brotaba de su delgada mano. Con el rostro lleno de ira, exclamó: —¡Si no fuera por las maquinaciones de tu madre, la que se habría casado contigo sería yo! ¿Crees que ella solo planeó aquel accidente? ¡Hizo mucho más! Me arregló un matrimonio con un hombre bruto, uno que golpeaba a su esposa hasta casi matarla... Un