Analu
Abro los ojos y veo que me desperté justo a tiempo.
— ¡Ay, Dios mío del cielo, estoy atrasada! — digo y resoplo de rabia recordando todo lo que ocurrió la noche anterior y cómo hice el ridículo delante de ese señor de las tinieblas—. ¡Urgh! ¡Odio a ese imbécil! — refunfuño y salto de la cama para empezar otro día más.
Todos los días me levanto a las cinco de la mañana, me ducho, tomo un café y me arreglo para poder salir de casa a más tardar a las seis. Pero hoy todo está invertido, ya so