AnaluAlgunos días después...Faltando dos días para que llegara el tan temido jefe, decidí aclarar algunas dudas con Vera, que ya se había convertido en mi amiga íntima aquí. En realidad, ella y el señor Otávio son personas increíbles. Doña Morgana había salido a comprar los caprichos del patrón y, a pesar de su forma rígida moldeada para agradar al señor gruñón, ella ya había cambiado mucho su actitud conmigo e incluso parecía gustarle mi trabajo.Ahora estábamos los tres en la cocina tomando un jugo y, como soy curiosa, aproveché para empezar mi interrogatorio.— ¿Cuál es el nombre de nuestro patrón? —Créeme, solo escucho a la gente llamarlo señor Fizterra. — Santiago, pero un aviso: no lo llames por su nombre, no le gusta. En realidad, solo dirígete a él cuando sea necesario. Es una persona callada, fría, arrogante y bastante grosera, así que si quieres conservar el empleo, sé discreta —dice doña Vera. — ¡Vaya! Hablando así parece un monstruo —comento. — No es un monstruo, p
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