C6-TONO VERDOSO NADA ARISTOCRÁTICO
Mateo se fue dando un portazo que hizo temblar los cuadros del pasillo. Bianca no se movió al principio; se quedó de pie en medio de la habitación, con los brazos cruzados y la mandíbula firme, escuchando cómo el eco del golpe desaparecía poco a poco. Luego soltó el aire, despacio.
—Perfecto —murmuró para sí—. Siempre huyendo.
Pero no lloró. No esta vez.
Y así pasaron los días, y la rabia seguía ahí, clavada. Entonces, esa mañana, sin pensarlo, se fue directa