C153-NO PUEDO DIVORCIARME
Angelo tocó la puerta con los nudillos.
La rabia aún le hervía en la sangre después de lo de anoche. Por eso necesitaba verla; necesitaba que su prima lo mirara a los ojos y le dijera que lo de Mateo era mentira.
La puerta se abrió, y Bianca estaba frente a él, impecable como siempre, pero tenía ojeras. Pequeñas, casi imperceptibles, pero él las notó.
—Angelo —dijo ella, sin sorpresa—. Pasa.
Entró detrás de ella.
La sala era luminosa, llena de cuadros y libros. Demasia