C125-¡NO LASTIMES A MI MAMÁ!
En la oficina presidencial, el aire finalmente dejó de pesar, Angelo cerró la puerta y el estrépito del mundo exterior se extinguió. Se giró hacia Aurora y, sin decir nada, la rodeó con sus brazos, apretándola contra su pecho como si necesitara confirmar que eran de carne y hueso y que la pesadilla había terminado, la besó.
—Bienvenida a la junta directiva—murmuró él sobre sus labios—. Señora Russo
Aurora soltó una carcajada, un sonido que le devolvió la vida a la h