68. Apreciándose después y a lo lejos
Maya siente un frío en el estómago, y ruge:
—Sin embargo, pensabas en mí.
Maximiliano aprieta los ojos para ese momento intolerable.
—¡Yo no sé si estaba enamorado de ti! ¡Jamás creí que mi forma de admirarte le hizo sentir celos a Diana! ¡Le hacía ver cosas que no eran! ¿Cómo pueden decir sobre lo que yo pienso? ¿Cómo? No me atrevería hacerle nunca eso a Diana.
Su gesto sigue disgustado. El modo de su sentencia es fuerte, preciso, directo. Las escucha sin inmutarse. Pero sólo la mención de Di