49. El comienzo de un sentimiento inusual
Por mucho tiempo la llamó Ale: diminuto de Alejandra. Sus ojos atentos y radiantes le hacen recordar mucho al hombre que al parecer vuelve a ella después de mucho tiempo, y aun así tiene Maya que dejar el cigarrillo, colocando la mano detrás para finalmente exclamar:
—¡Ale! —sonríe.
—¡Maya! Por Dios, ¿qué haces por aquí? —las dos se infunden en un gran abrazo. Está sorprendida hasta más no poder.
—¡Es lo mismo que te pregunto! —Maya se aleja para verla de arriba hacia abajo, sonriendo—.¡Estás r