212. Confrontación
Mason finalmente ha fruncido el ceño, alejándose.
Y dentro de poco tiene sus ojos ambarinos dirigidos hacia él. Sólo hay ira. Sólo queda furor, arrebato, coraje.
Y la observa inclinar su rostro.
—Me sorprendes —murmura—. Que digas que necesito a alguien. Yo no necesito a nadie —tira la carpeta hacia la mesa—. Pero qué lástima —Maya mira a otra parte, con la mirada casi perdida—. Que haya creído en ti y haya decidido ciegamente tenerte a mi lado.
Mason mira la carpeta mientras los document