188. El mejor regalo
Si pudiese elegir una de las mejores noches de toda su entera vida, no hubiese titubeado en ningún momento para preferir aquella en donde solo se encontraba en sus brazos.
Conociendo más el uno del otro, se mantuvieron en el sofá del lugar hasta que la luz de la madrugada dio esperanzas al nuevo día. Después de hacer el amor con tanto frenesí, desnuda ante él, Maya acariciaba su rostro, mientras Maximiliano también la observaba y se mantenían en ese lugar que sólo era de ellos dos.
Quizás aú