123. Débil
Maya trata de abrir la boca y sólo maneja un saco de nervios por lo que sucede. Al tener devuelta a Sean en su mirada, éste no hace más que sentirse también con gesto impresionado. Ella le sonríe.
—No te preocupes, está bien.
—¿En serio? Yo no sé si tú…
—Hoy, Sean, es el día en que menos quiero pensar las cosas. Además, eres mi amigo. Despreocúpate ahora
Sean inclina su cabeza. Envuelta en su propio mohín encantado se prepara para hablar.
Ella abre la puerta y cuando ya nada más quedaba